La mujer en los medios de comunicación

Las mujeres y los hombres hemos ido adquiriendo a lo largo de la historia unas formas diferenciadas de pensar, de relacionarnos, de trabajar y hasta de divertirnos. Hablamos de unas formas generales de vivir y de estar en el mundo que, por diversos factores, han colaborado a que hoy, el
colectivo de mujeres y el de hombres tengamos una experiencia histórica muy distinta.

Los medios de comunicación, conscientes de ello y de los intereses tan dispares de unos y de otros, han editado tradicionalmente publicaciones con sesgos muy distintos, centradas unas en el mundo de lo público, y otras más
domésticas centradas en el ámbito de lo privado. Hasta aquí, lo que tradicionalmente se llamó prensa de información general, por un lado, y por el otro, prensa femenina.

Desde que este tipo publicaciones vio la luz, aunque quizá el razonamiento podría extenderse a los medios de comunicación en su conjunto, los objetivos fueron siempre los mismos: afianzar unos determinados valores sociales y transmitir unas pautas de comportamiento para que la sociedad se reprodujera y perpetuara de la forma que mejor se adecuara a cada momento histórico. Porque los medios de comunicación, de manera global, actúan generalmente como elemento uniformador de la opinión pública, influyendo de manera decisiva en las pautas de conducta colectivas.

Aún más evidente es el papel de la publicidad como instrumento de comunicación social, siendo capaz de conformar modelos colectivos de valores y comportamientos, y ofreciendo al público no solo productos, sino también modelos de actitudes, formas de vida e imágenes paradigmáticas que orientan y, en muchos casos, definen las necesidades y los deseos de las personas.

A día de hoy, la publicidad continúa presentando un modelo estereotipado de la mujer no acorde con su realidad, y si nosotros, como receptores de los mensajes publicitarios, permitimos que esto siga sucediendo, estaremos colaborando de forma pasiva a que nuestros hijos e hijas continúen aprendiendo modelos de actitudes que van a marcar sus circunstancias y necesidades, creando un falso «yo» que les impedirá desarrollar correctamente su autoestima. En todo caso, la responsabilidad ante esta situación corresponde a toda la sociedad y desde todos los
ámbitos.

Es preciso suprimir la proyección constante de imágenes negativas y degradantes de las mujeres en los medios de comunicación, que siguen sin ofrecer, en la mayoría de los países, una imagen equilibrada de los diversos estilos de vida de las mujeres y de su aportación a la sociedad en un mundo
en evolución.

Actualmente en los mensajes publicitarios es frecuente observar cómo se sigue ofreciendo una visión sexista de las mujeres y de los papeles que se le han asignado tradicionalmente. De este modo, prevalece la consideración de la mujer como objeto sobre la persona, utilizando su cuerpo como reclamo publicitario: la imagen de la mujer sigue siendo utilizada para vender más y mejor cualquier producto.

Y, llegados a este punto, sería conveniente proponer actuaciones a nivel nacional tendentes a corregir estos sesgos, a partir de la normativa jurídica existente.

En primer lugar, citaremos la Constitución española, recordando el marco legal de mayor rango que protege la igualdad de todos: «Todos los ciudadanos son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión, o cualquier otra condición o circunstancia personal». Así como «la obligación de promover los medios para que esta igualdad sea real y efectiva». (Constitución española, arts. 14 y 9.2).

En segundo lugar, repasemos el contenido de la Ley General de Publicidad, en la que se dice literalmente que: «Es ilícita la publicidad que atente contra la dignidad de la persona o vulnere los valores y derechos reconocidos en la Constitución, especialmente en lo que se refiere a la infancia, la juventud y la mujer». (Ley General de la Publicidad, art. 3a).

En un tercer término, encontramos los Planes para la Igualdad de Oportunidades de las Mujeres en los que, tanto a nivel nacional como en el ámbito autonómico, se insiste en propuestas de acción encaminadas a «fomentar una imagen pública de las mujeres en consonancia a su realidad actual». Para ello, se ha puesto en marcha un teléfono para denunciar el sexismo en la publicidad, el 900 191010, que funciona las veinticuatro horas
del día.

Y, por último, la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), Ley 8/2013, de 9 de diciembre, en cuyo Preámbulo se especifica que: «Solo un sistema educativo de calidad, inclusivo, integrador y exigente, garantizará la igualdad de oportunidades y hará efectiva la posibilidad de que cada alumno o alumna desarrolle el máximo de sus potencialidades». Y en su artículo 1 cita como objetivo: «El desarrollo en la escuela de los valores que
fomenten la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, así como la prevención de la violencia de género».

En cualquier caso, todo lo que se persigue con estas iniciativas legales no contará con posibilidades de éxito, a no ser que se trabaje desde la base y, para ello, nada mejor que comenzar la tarea en el propio núcleo familiar.
Porque, si de verdad creemos que hombres y mujeres tienen iguales derechos, hemos de fomentar, a todos los niveles, que se les reconozca un mismo papel social: igualdad en responsabilidades e inteligencia, igualdad en aspiraciones y deseos, igualdad en la confianza que deben de tener en ellos mismos.

Por todo lo dicho, os invito a participar en el First Win Networking Congress que se celebrará el próximo mes de mayo, en el marco incomparable de la ciudad de Granada, donde tendremos la oportunidad de intercambiar información y debatir propuestas que mejoren la situación real de la mujer en el siglo XXI.

¡Nos vemos en Granada!


Mª Ángeles López de Celis
First Win Congress
Granada, 10 y 11 de mayo de 2018.

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